Algunas consideraciones respecto a Whitehead y Peirce y la continuidad de la materia y la mente.

Por Miguel Cabrera M.

Como contribución a la discusión reseñada en Decasophia y Decasophia 2, y a solicitud de profesor Gil, a continuación, expongo una muy breve y esquemática comparación entre algunos planteamientos de A.N. Whitehead y de C.S. Peirce. Los subtítulos numerados son una síntesis de los planteamientos de Whitehead, según Ana Simón Viñaz[1]. Lo utilicé como guía para versar sobre Peirce. Debajo de esos subtítulos coloco mi resumen de Peirce. Al final del documento agrego unas consideraciones mías, así como en algunas notas al pie de página.

1. Whitehead intenta lograr una síntesis de la realidad que incluya los dos ámbitos que el pensamiento filosófico occidental, a lo largo de su dilatada historia, ha tenido a bien considerar como escindidos: real-ideal, materia-espíritu, ente-ser, dependiendo de la perspectiva del enfoque.

– Peirce (1998, Vol. II, p. 52 y ss.): Planteó su doctrina del sinequismo, según la cual la realidad es un continuo materia-mente. Según Peirce, se contrapone al materialismo, la doctrina de que la materia lo es todo, y al idealismo, la doctrina de que las ideas lo son todo. La continuidad rige sobre el dominio total de la experiencia en todos sus elementos. Hay un límite inalcanzable de la experiencia: el Absoluto. Pero toda proposición que no guarda relación con la experiencia no tiene significado[2].

Para Peirce, el sinequismo es consecuencia de las leyes de probabilidad que rigen el universo. Su interpretación es dado que las cosas sólo son probablemente ciertas, o muy probablemente ciertas (incluyendo los axiomas geométricos y matemáticos), no se puede afirmar que algo es sólo materia o sólo mente. La materia es una gradación de la mente, y viceversa. Rechaza la posición de Parménides “El ser es, y el no-ser no es”. Para Peirce, “el sinequismo lo niega rotundamente, declarando que el ser es un asunto de más o menos, de modo que llega a fundirse imperceptiblemente con la nada”.

El sinequismo es monista, no hay dualidad mente-materia. Todos los fenómenos tienen un mismo carácter, aunque algunos son más mentales que físicos, y lo contrario. Algunos fenómenos son teleológicos, conducentes a un fin.

Peirce cree en la inmortalidad. “El sinequismo rehúsa creer que, cuando llega la muerte, incluso la conciencia carnal cesa rápidamente.” Aunque reconoce que no se puede decir más que eso, por la carencia de datos observacionales. Peirce refiere al brahmanismo, y su creencia de que cada uno se funde con el todo.

  “La conciencia carnal es sólo una pequeña parte del hombre. Está en segundo lugar la conciencia social, mediante la cual el espíritu del hombre se encarna en otros, y que continúa viviendo y respirando …” “Un hombre es capaz de una consciencia espiritual (…) que es encarnada en el universo como un todo”.

El sinequismo no es una religión, sino “una filosofía científica”, que aspira a una unificación de la ciencia y la religión.

(Peirce, 1923, p. 62 y ss., 179 y ss.):  Otra doctrina de Peirce es la del tiquismo, la cual representa el inicio de una “cosmología evolutiva” en sentido darwiniano. Peirce fue un gran defensor del darwinismo, extrapolándolo al desarrollo del universo como fenómenos evolutivo. Respecto al tiquismo, se trata de la presunción de que el universo se organiza a partir del azar, y el azar, tal como es estudiado probabilísticamente, tiende a la organización de la realidad. Rechaza el determinismo. El azar es un principio de generalización, una tendencia a formar hábitos que producen la regularidad que observamos en el universo y que se traduce en leyes científicas.

(Peirce, 1923, p. 202 y ss.):  La ley de la mente consiste en que “las ideas tienden a extenderse continuamente y a afectar a ciertas otras que se hallan es una peculiar relación de afectación con respecto a ellas”. Pero en Peirce esta extensión y afección no tiene que ver con la transmisión y comunicación de ideas, sino con que las ideas pasadas están conectadas con las presentes (y estas, con las futuras) pues forma parte de una cadena de pasos infinitesimales. Peirce se apoya en el cálculo infinitesimal para plantear que al igual que en el cálculo infinitesimal, una cantidad infinitamente pequeña forma parte de un continuo donde hay cantidades no infinitesimales, es decir, números naturales como los calculamos con la aritmética. “El presente está conectado con el pasado mediante una serie de pasos infinitesimales”.

            Las mentes están conectadas. El mecanismo es el de las sensaciones. “Puesto que el espacio es continuo, se sigue que tiene que haber una comunicación inmediata de sensación entre partes de la mente infinitesimalmente cercanas unas a las otras”. De lo contrario, ni siquiera podría haber comunicación en el sentido habitual de la palabra, afirma Peirce.

2. Para Whitehead todo lo real es un acontecimiento: los acontecimientos son los componentes últimos de la realidad, lo que de verdad existe.

– Peirce no tematizó el concepto de acontecimiento. Más allá del uso del término en el contexto de hablar sobre la causalidad o sobre la probabilidad (eventos probables.)

3. Whitehead: cada cosa – cada entidad actual – precisamente por ser acto incluye un principio de progresión o proceso infinito, de lo que se sigue que ninguna de ellas tiene una forma esencial que la fije definitivamente,  lo que conlleva la negación de las “formas sustanciales” o “esencias” en sentido clásico. Se trata de acontecimientos y no de sustancias.

– Peirce asume plenamente el concepto de sustancia. “El concepto de ser surge al formarse una proposición. Además de un término para expresar la sustancia, una proposición siempre tiene otro para expresar la cualidad de esa sustancia”. Es decir, el sujeto de una proposición expresa a la sustancia, y el predicado a su cualidad. (Peirce, 1998, Vol I, p. 53).

            Peirce propuso una nueva lista de categorías, para sustituir a las de Aristóteles y a las de Kant. Estas son: SER, Cualidad, Relación, Representación y SUSTANCIA. Las que están en minúsculas son accidentes, las que están en mayúsculas son categorías esenciales, necesarias.

4. W: Este togetherness o aunamiento, que puede ser de varios tipos, es lo que Whithehead llama “nexus”.

Ver lo reseñado supra, en 1.

5. Una prehensión es una potencia de captura y la concrescencia es el proceso de constitución de una “entidad actual” u “ocasión actual” a partir de prehensiones. Whitehead rechaza el término percepción.

– No es un tema de Peirce. Asume el concepto de percepción en su uso filosófico corriente.

6. Para Whitehead la génesis de la entidad actual es tributaria de un proceso de prehensión y no hay un sujeto anterior a la experiencia misma.

– Lo dicho antes.

7. Las entidades actuales de Whitehead obtienen la “satisfacción” cuando, en la última fase de su proceso de concrescencia, alcanzan el ideal privado que constituye su causa final.

– Ver lo reseñado respecto a Sustancia. Y, como señalé en 1., para Peirce algunos fenómenos son teleológicos, conducentes a un fin.

8. Los objetos eternos son un tipo especial de “objetos” cuyo carácter es intemporal, siendo “objeto” todo aquello que se convierte en dato para una prehensión.

– Para Peirce, ver lo colocado en 1.

9. El universo es un todo en continuo devenir y ninguno de los elementos que lo conforman puede separarse del conjunto.

– Para Peirce, ver lo colocado en 1.

9. En la filosofía de Whitehead, Dios es concebido como una entidad actual no temporal cuya función es ligar el mundo actual con el ámbito de los Objetos Eternos. el elemento de novedad que hace de la entidad algo nuevo y diferente al resto no puede provenir del pasado, tiene que venir de otro sitio.

– Para Peirce (1998, Vol. II, p. 620 y ss.):  Dios es Ens necessarium, creador de los tres Universos de Experiencia:

1. Las Ideas: su Ser consiste en la mera capacidad de ser pensadas.

2. La Actualidad Bruta de las cosas y los hechos: Su Ser “consiste es reacciones contra fuerzas brutas”. [Presumiblemente: su ser es estar sometidas a fuerzas mecánicas de acción y reacción].

3. Los Signos: su Ser consiste en su poder de servir como intermediario entre su Objeto [del signo] y una Mente.

10. Inmortalidad en Whitehead: la transformación de la entidad actual en un dato objetivo disponible para otras ocasiones actuales, una vez que ha conseguido la autodeterminación completa, “inmortalidad objetiva”.

– Para Peirce, ver lo reseñado en 1.

Consideraciones finales.

Como es sabido, la obra de Peirce es amplia, y estas líneas son un esquema excesivamente general de esa obra. Sin embargo, es importante considerar un aspecto de esa obra. Los estudiosos suelen dividir los planteamientos de Peirce en unos 5 grupos:

a. Lógica (deducción, inducción, probabilidad)

b. Semiótica

c. Epistemología (pragmatismo)

d. Filosofía de la mente

e. Metafísica (sinequismo, continuidad de la mente, inmortalidad, nada)

Aunque los planteamientos agrupados en a – e se cruzan, por así decirlo, también es conveniente entenderlos por separado, pues muchas veces se contradicen. Esto en parte tiene que ver con que hay dos grandes períodos en su filosofía: el primero, más cercano al nominalismo y al empirismo materialista, y otro más cercano al monismo idealista, a la metafísica y al misticismo.

Un ejemplo de contradicción podemos verlo en el argumento acerca de la continuidad de la mente. Peirce funda su argumento en las leyes de la probabilidad. Así, afirma que

(…) dado que las cosas sólo son probablemente ciertas, o muy probablemente ciertas (incluyendo los axiomas geométricos y matemáticos), no se puede afirmar que algo es sólo materia o sólo mente. La materia es una gradación de la mente, y viceversa.

Como es sabido, la probabilidad es una inferencia a partir de casos. Dada la ocurrencia de una serie de casos en un período de tiempo, inferimos ciertas conclusiones a partir de ellos. Inferimos la frecuencia en que se repetirán los casos si las condiciones son similares, si ocurrirán casos similares a los ya conocidos, etc. Pero la probabilidad no es una tesis metafísica acerca de si algo es o no es, si algo es sólo materia o sólo mente. El sentido de que una afirmación sea probablemente cierta, quiere decir, probabilísticamente cierta, tiene que ver con la ocurrencia de casos en una serie estadística. Peirce confunde el uso corriente o “epistemológico” de “probablemente cierto”, con el uso probabilístico, estadístico, del término. Entonces, introduce una ambigüedad en el uso de los términos, extrayendo una conclusión basada en el uso no estadístico del término, pero otorgándole sentido estadístico.

Luego, al rechazar el dictum  de Parménides “el ser es, y el no-ser no es” afirma que “el ser es un asunto de más o menos, de modo que llega a fundirse imperceptiblemente con la nada”, nos encontramos de nuevo con una consecuencia inválida de razonamiento matemático, tanto en el caso del cálculo probabilístico como en el del cálculo infinitesimal. En relación con la probabilidad, su argumento es que, en una serie suficientemente larga, la probabilidad se hace cada vez más pequeña, acercándose a cero, es decir, a la nada. En el segundo, su argumento es que el ser de las cosas se va reduciendo en cantidades cada vez más pequeñas, de la misma manera que los números se van reduciendo de forma infinitesimal.

Podríamos aceptar, con todas las reservas, que “el ser es un asunto de más o menos”, en el sentido de gradaciones del ser, o de tipos de ser. Algunas cosas podrían estar “más plenas de ser que otras”, como por ejemplo el “ser del agua” es más pleno que el ser de las moléculas de H20. En lo personal yo rechazaría esa línea de ser “más o menos pleno”, pero podemos conceder el argumento, que sería consistente con una posición metafísica que reconozca la existencia de la nada.

Pero lo que me parece inconsistente es que Peirce lo plantea como consecuencia de la probabilidad estadística y del cálculo infinitesimal. Es cierto que, en una serie suficientemente larga, la probabilidad se hace cada vez más pequeña, acercándose a cero, pero nunca llega a cero. Ni matemáticamente (analíticamente) ni empíricamente, se ha encontrado o se ha propuesto que una serie de eventos pueda tener una probabilidad 0 o una probabilidad 1, que sería el otro extremo. Por tanto, no sería posible pasar de ser a nada. Lo mismo con el cálculo infinitesimal. Nunca se ha encontrado el valor 0 como número infinitesimal, es decir, el número más pequeño no llega al 0 absoluto, como fin de una serie de números infinitamente pequeños.

Los argumentos anteriores aplican por igual a su teoría de la continuidad del todo, de todas las cosas en el universo, incluyendo la comunicación y continuidad de las mentes a través del tiempo. Su argumento principal se funda en el cálculo infinitesimal, tal como expuse: la materia y sus componentes, así como la mente, se van reduciendo en cantidades cada vez más pequeñas, de la misma manera que los números se van reduciendo de forma infinitesimal. Esta reducción permite que la materia y la mente (que, recordemos, no están separadas en Peirce) persistan en un continuo espacio-temporal, de forma tal que hay continuidad de ambas a través de las épocas. Ahora bien, se puede objetar que, asumiendo lo que afirma Peirce acerca de que las magnitudes infinitesimales pueden llegar a 0, para fusionarse unas con otras, si llegan a 0, y son nada, entonces ya no habría continuidad espacio temporal. Esta conclusión es contraria a la que él plantea, pero me parece que muy bien se deduce de sus premisas.

Respecto a sus otros planteamientos en torno a la inmortalidad del alma o la existencia de Dios, no me pronuncio, para mí son temas de la fe de cada persona. Aunque yo no crea, al final tampoco puedo demostrar la no existencia de lo sobrenatural.


[1] Simón Viñas, Ana M. (2020). “Whitehead y Deleuze: acordes y desacuerdos”. Oviedo Revista Eikasia N° 21. Pp 109-126

[2] Recuerda al Wittgenstein del Tractatus: “6.522 Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a si mismo; esto es lo místico.” Pudiera decirse que la convivencia empirismo-misticismo no es privativa de Peirce.